fbpx

Skip links

EL MUNDO SE HA PARADO

Todos teníamos nuestra vida muy estructurada, pendiente del reloj, teniendo actividades una detrás de otra. Me levanto, voy al gimnasio, luego a trabajar, me alimento corriendo, apenas sin tiempo para saborear lo que tengo delante. Por la tarde quizá vuelvo a trabajar, o si no trabajo, tengo más actividades propias, o de mi familia, y así un largo etc.

De manera que todo el día íbamos corriendo de aquí para allá, como autómatas. La situación que estamos viviendo ha parado en seco nuestra actividad; vemos mermada nuestra libertad personal y sentimos un doble miedo: el miedo de ese virus del que todo el día se habla en los medios, (con diferentes opiniones, unos dicen que es terrible, otros que no hay para tanto… y a quién me creo socorro) y el miedo a que nos paren por la calle las fuerzas del orden y nos pregunten a dónde vamos. Algunos llevamos muchos días sin ver a nuestros hijos, porque como muchas parejas separadas, al menos a mi me ha pillado el encierro teniendo a mis hijos en casa de su padre. Y los hecho tremendamente de menos.

Pero sigamos con lo que estábamos.

Miedo… miedo… miedo….  Ese es el peor virus. Una vez inoculado en nosotros, somos capaces de comprar seguridad allá donde nos la ofrezcan, cediendo nuestro poder personal a cualquier ley, cualquier producto o cualquier actuación que nos asegure que todo va a ir bien y que nos van a proteger. Cuando tenemos miedo el cerebro entra en shock, deja de pensar, se bloquea y necesita que de fuera le den una solución porque creemos que nosotros solos no la vamos a encontrar. Ese es el funcionamiento habitual cuando tenemos miedo.

La única fórmula contra el miedo no es ningún medicamente; sólo es parar, respirar, estar en mi. Paremos a pensar un poco, paremos a respirar un poco entre tanta incoherencia que estamos viendo y escuchando. No digo que el encierro no tenga sentido. Sólo digo que aprovechemos este tiempo que nos ha sido dado para ir hacia adentro, para poner la tele lo menos posible, para estar al día, pero sin saturarnos del bombardeo de miedo que recibimos. Y por qué no, para meditar, lo que entenderíamos literalmente por meditar; y meditar sobre el rumbo de nuestra vida: ¿soy feliz? ¿Estoy donde quiero estar? ¿Estoy con quien realmente quiero estar? ¿Me gusta el trabajo de desempeño? ¿Cambiaría algo en mi vida y no me atrevo? ¿Sé realmente quién soy? ¿Me gusta la persona en la que me he convertido?

Podemos lamentarnos por todo lo que temporalmente hemos perdido, que seguro volveremos a recuperar, con lo cual perderemos el tiempo tan valioso que nos ha sido dado, de calma y reencuentro con nosotros mismos, y con nuestros seres queridos, o bien, podemos aprovechar este tiempo para poner atención a todo aquello que SÍ tenemos, a todo aquello que somos, a todo aquello que podemos hacer. Podemos ver el vaso medio vacío o podemos ver el vaso medio lleno.

Sólo de nosotros depende cómo usemos nuestro tiempo. Sólo de nosotros depende cómo vivimos nuestra vida: ¿sobrevives o vives realmente?

Yo elijo vivir, con todos mis errores y con todos mis aciertos. Tropiezo y me levanto, me equivoco y sigo aprendiendo de mi error. Pero sobre todo vivo plenamente consciente de quién soy y de mi lugar en el mundo. Sabiendo que soy solo un ser que trata de vivir aprendiendo, siempre aprendiendo. Confiada en mi, en mi alma y en mi sabiduría. Confiada en la bondad del ser humano.

Y es desde aquí puedo vivir en esta incertidumbre que hoy nos ocupa, confiando en la vida y en mi sabiduría, y entregándome a algo más grande que yo misma, la VIDA.

Si quieres realizar alguna consulta puedes escribir a:
caminosistemico@gmail.com

Deja un comentario

Nombre*

Web

Comentario