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Cuando el camino que pisamos se conforma de nuestras propias huellas

“El mapa no es el territorio”. Este es uno de los principios de la PNL (programación Neurolingüística. ¿Y qué quiere decir esta frase? Pues quiere decir lo siguiente. El territorio es aquello externo a nosotros, lo que pasa a nuestro alrededor y que vemos a diario e interactuamos con nuestro entorno, familia, amigos, trabajo, sociedad en general.

Existen tantos “mapas” como personas existimos en el mundo. Es la cartografía de vida, es donde está impresa cada una de nuestras experiencias, heridas, alegrías anécdotas, etc. Y en función de este mapa vamos haciéndonos la composición del mundo que nos rodea.

También existen tres planos o mundos en donde nos movemos continuamente:

  • El primero sería el plano o mundo interno, aquello que pasa de piel para adentro.
  • El segundo sería el plano o mundo externo, aquello que pasa más allá de la piel, fuera de nosotros mismos.
  • Y el tercero el plano o mundo intermedio, en él interpretamos, etiquetamos, nos hacemos nuestra propia composición de los demás y del mundo, soñamos con… juzgamos, etc.

Ese mundo intermedio sería en donde cartografiamos nuestro propio mapa. Algunas cosas las escribimos conscientes, y la mayoría de cosas las escribimos sin darnos cuenta de ello. Me explicaré mejor. Imaginaros un niño o niña al que de pequeño le han dicho en infinidad de ocasiones “eres un inútil, no sirves para nada” o bien “los niños no hablan mientras los mayores lo hacen, deja de decir tonterías”. El niño no tiene capacidad de razonar, simplemente hace suyos esos introyectos recibidos de sus mayores, los integra sin darse cuenta, de manera inconsciente. Ese niño o niña, cuando es adulto y e manera inconsciente y a veces de manera consciente se dice “eso no lo podré hacer, no soy capaz” o bien “en esta situación mejor me cayo porque no diré nada apropiado“. Mensajes que se han convertido adaptados a la situación actual pero no que se conectan con el tiempo del que vienen adquiridos.

Podría seguir enumerando infinidad de introyectos que desde pequeños hemos ido oyendo y que han conformado una manera de ver el mundo que como adultos nos rige, lo que no nos permiten movernos con libertad, desde nuestro propio sentir, desde nuestra forma única de ser. Por lo que esto me lleva irremediablemente a pensar que muchas personas no se conocen, son como les han dicho que tienen que ser, como han escuchado que está bien ser, que es lo correcto, olvidando realmente quienes son, ya que nunca se han dado la oportunidad de descubrirlo.

Quizá os preguntéis que tiene que ver todo esto con el título de este artículo. Lo que me gustaría mostrar aquí es que en muchas ocasiones pisamos sobre huellas ya pisadas. Si no me permito expresar aquello que creo es mi sentir por miedo a que me hagan callar, por miedo a que me digan que no es apropiado lo que expreso, o me limito a mi mismo/a en mis deseos y proyectos por no sentirme capaz de conseguirlo, estoy actuando desde esos introyectos que un día me dijeron, los cuales conforman un mapa que no escribí libremente, sino sobre las huellas de otras personas, con sus miedos, limitaciones y mapas. Todo aquello que me traspasaron sin ser conscientes de ello.

Es en este momento donde te invito a descubrir quién eres, a abrirte o encontrarte contigo y reflexionar sobre si te gusta cómo eres, si te sientes cómodo o cómoda contigo, sobre si quizá estás siguiendo lo que hizo papá o mamá por sentirte en deuda o por culpabilidad.

Verdaderamente iniciar el camino del autodescubrimiento no es fácil, en ocasiones resulta doloroso… lo que si te garantizo es que es un camino apasionante, bonito, y que seguro, seguro te lleva hacia la felicidad. Porque sólo en el encuentro con tu verdadera esencia es donde vas a estar acompañado/a. Porque es contigo con quien seguro vas a vivir toda la vida. Lo demás es cambiante y efímero.

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